
Aunque
la creencia popular la asigna el nombre tradicional de calle Ancha, no es
cierta tal equivalencia sino en parte; en efecto, la auténtica calle Ancha era
sólo el trayecto comprendido entre Zocodover y el comienzo de la cuesta de
Belén. En las menciones que de esta calle se hacen en los siglos XVI al XIX se
indican diversos nombres gremiales para el resto hasta la plaza de las Cuatro
Calles.
En
1556 se reseñan, desde Zocodover, la calle Ancha, la calle de la Lencería y la de
la Calcetería. Francisco de Pisa por su parte, partiendo de Zocodover asimismo,
nos habla en 1593 de que “en la calle Ancha, que va por otro camino, hay
diversidad de oficios, cordoneros, calceteros y joyeros... tiendas de lencería,
de jubeteros y calceteros: y desde el Solarejo, plateros y cereros...”
Como
resultaban demasiados nombres gremiales para una calle que tiene una unidad
indiscutible, el Ayuntamiento obró con cordura en el Nomenclátor de 1864 al
llamarla, uniformemente, con el nombre genérico de la calle del Comercio, que
engloba a todos los posibles géneros a vender; y así se explica también que se
aceptase por todos, aunque no fuera totalmente nuevo entonces.
Aun
así, los toledanos no dejaron de llamar calle Ancha a su vía más transitada, aunque
hayan olvidado que se llamaba así al derribar siete casas en su acera de los
pares, desde la entrada por Zocodover, realizado en 1616 para que pasase la
solemne procesión de la Virgen del Sagrario; ello podría ser la causa del
antiguo topónimo; no obstante, antes de verificarse este ensanche ya se usaba
el nombre seguramente por ser la más amplia de las que nacen en el antiguo
Zoco.
El
carácter mercantil de la calle ha hecho que en ella no existan casas o palacios
famosos. Sólo dos edificios de cierta nombradía han dejado rastro documental:
el Mesón de los Paños, que estaba ubicado haciendo esquina con la calle Nueva
(fue Banca Sucesores de A. Jiménez, y en nuestros días, Banco Central). El otro
edificio, llamado Calahorra Vieja, propiedad de la Catedral en 1234, año en el
que ya era un mesón. Se supone que estaba situado con salida a la calle de la
Sierpe. (Fuente: Historia de las Calles de Toledo)
Como se ha comentado, todo
parte de la plaza de Zocodover, uno de los lugares de la ciudad donde se llevan
a cabo multitud de actos y festejos, así como también sirve de popular punto de
encuentro y disfrute de los toledanos y sobre todo paso obligado para los miles
de turistas que jalonan las calles del casco histórico durante todo el año.
Pues bien, la mencionada plaza fue objeto de dos leyendas:
La Sierva. “...colgaban los verdugos en las almenas del Alcázar la cabeza de aquella esclava del Rey, de la bella Azrael, la de talle gentil como la palmera del oasis, la de mirada ardiente como las arenas del desierto”. (Web: Leyendas de Toledo)
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